Sobre “Homo Argentum”, comedia protagonizada por Guillermo Francella que presenta 16 mini historias en donde el actor interpreta a cada uno de los protagonistas.

Entrevista de Martín Imer
Su estreno en Argentina despertó
grandes debates, algo a los que sus directores, Mariano Cohn y Gastón Duprat, ya
están acostumbrados, luego de generar lo mismo con El ciudadano ilustre o El
encargado. En el marco de su visita a Uruguay presentando el film, pudimos
conversar unos minutos con ellos.
¿Cómo surge Homo Argentum?
GD: Surge de una idea conjunta con el actor, Guillermo Francella, de hacer una
película con mini películas dentro, donde se puedan tocar temas muy diversos y
géneros muy diversos sobre la realidad y la idiosincrasia argentina, pero que a la
vez es la idiosincrasia de otros lugares también.
Así que es una idea que nos propuso el actor, y ahí nosotros nos pusimos a
trabajar en guionarlo, guionar las mini películas. Hicimos un montón, como 40,
después nos dimos cuenta que era una enormidad para un largometraje, así que
quedaron 16, y que un poco representaban el abanico de colores que queríamos y
de géneros, porque acá convive la comedia, la cosa más dramática, las cuestiones
más humorísticas, aunque algunos segmentos son más emotivos.
¿Y cómo es ese proceso de elegir qué historia va, qué historia no va? ¿Cómo
fue ese proceso sobre todo cuando la están editando?
MC: Bueno, hay dos decisiones fundamentales. Una, ¿cuáles van a ser parte de la
película? Porque sería una locura filmar todas y descartar, no sería viable
económicamente. Pero la primera selección fue por temas, quizá había varias que
se parecían entre sí, entonces terminamos eligiendo alguna. Después fue por
afinidad también de nosotros con la historia o del personaje, también con el actor
para poder interpretarla.
Entonces había varios puntos que tenía que cumplir, o varios requisitos, para que
nosotros decidamos que iba a ser una de las 16. Y, de hecho, las 16 que filmamos,
las 16 quedaron. La película para nosotros funciona por acumulación, quizás no hay
acuerdo entre nosotros cuál es la mejor, cuál nos gusta más, mismo con el público
está buenísimo que suceda eso, que haya debate, que haya discusión, que alguna
te guste, que otra no te guste, que otra te guste más, porque justamente el género
de viñetas propone eso.
Y después hay una cosa general que tiene que ver con todas, que es que
buscábamos que sean ideas que interpelen un poco al espectador, porque tenemos
la mayor estima por el público y nos gusta que las películas se sigan discutiendo y
debatiendo una vez que se sale a la sala.
Hablando de eso, ¿tienen alguna ansiedad por conocer la opinión del público?
¿Cómo se sienten ustedes en relación a lo que pueda ser la respuesta del
público?
GD: Lo importante es que esta película genere una reflexión, debate, si querés, que
la gente pueda expresar su posición, aunque haya otros que tengan la contraria.
Eso, de hecho, está sucediendo ya con la gente que estuvo en la avant premiere en
Buenos Aires, todo el mundo quiere opinar, quiere debatir, quiere decir lo suyo,
quiere decir ‘me gusta esta, no me gusta la otra, pero a mí me gusta tal, cual, somos
así, pero no somos así’. Todo eso enriquece a la película. Era una de nuestras tesis,
que para que este tipo de película esté viva, tiene que existir esto. No es que
termine con fin, chao, cada uno a su casa; sigue la reflexión, sigue el debate, siguen
las opiniones, aunque encontradas. Está buenísimo, hace una película viva, no una
película de museo o de cineclub.
Y ustedes siempre han tenido esa reacción, ese comentario de la gente, que
siempre es, de repente, una pieza fundamental de todo el trabajo que ustedes
han hecho.
MC: Es algo que venimos explorando desde el inicio, desde que hacíamos
programas de televisión, televisión abierta, la película El hombre al lado, Bellas
artes, El encargado. Para nosotros es parte de una búsqueda, de una propuesta
estética, de un punto de vista. Es iluminar sólo un tema y que ese tema, ya por sólo
retratarlo en una película, en una serie, genere este tipo de debate, de interpelación,
de toma de posición en el espectador. Porque para nosotros el espectador es quien
termina de completar la obra una vez que la ve.
¿Ustedes creen que al argentino le gusta de repente el reflejo a partir de la
sátira o puede tener un resquemor a verse satirizado en pantalla?
GD: Nosotros no hacemos esos estudios cuando hacemos las películas. Si fueran
películas de diseño, haríamos otras tal vez. Nada, es expresión artística nuestra a
punto de vista personal. El que le guste, que le guste, al que no le guste, que no le
guste, la verdad. En toda nuestra obra, al tocar temas que nadie había tocado hasta
el momento y que siguen sin tocarse, eso distingue a nuestras películas y series, y
al tocar temas que no fueron tocados, llaman la atención. A algunos les puede
generar inquietud, a otros les gustará, no sé. A mí me encanta que suceda ese
debate. El cementerio de la unanimidad es lo peor, O la película de culto, de cine
club o de sala de arte. A mí me encanta que con nuestras series, cada vez que sale
una película o serie es como un evento directamente porque todos la ven, todos
opinan. Está fabuloso que todo el mundo opine y que, ya te digo, en nuestra
producción es parte de la película el rebote. No me gustan las películas sin rebote.
MC: Es como que a través de una serie o de una película, por los temas que tratas,
el punto de vista que se comparte impacta sobre la realidad y hay muy pocas cosas
que logran eso, ¿no? Y a la vez, si se logra eso, alimenta la película y eso genera
una cosa que no se puede ni prever ni controlar. Eso es lo bueno. Hasta el que está
o pueda estar en contra, termina colaborando con la película, se va alimentando de todo.
