En el marco de una nueva feria del libro, el escritor argentino Nicolás Ferraro presentó en nuestro país Ámbar, novela negra que llega con el atractivo especial de haber ganado el premio Dashiell Hammett (un nombre propio si los hay dentro de la novela noir) a la Mejor novela negra, 2022.


Escribe Martín Imer

Nicolás Ferraro presentó en nuestro país Ámbar, novela negra que llega con el atractivo especial de haber ganado el premio Dashiell Hammett (un nombre propio si los hay dentro de la novela noir) a la Mejor novela negra, 2022. Crónica de la huída de un criminal junto a su joven hija, chica que da título a la novela, es un retrato intrigante y lleno de suspenso, pero también de detalles íntimos y conmovedores que dan a la narración un toque distintivo. Pudimos conversar con el autor sobre esta presentación.

¿Cómo te sentís al estrenar esta novela en Uruguay?

Bueno, muchas gracias primero por el tiempo, por la oportunidad. Es raro porque Uruguay siempre está cerca y al mismo tiempo está tan lejos. La cosa de la distribución de los libros me pone un poco nervioso. Quiero tener la posibilidad de que me lean acá. Y bueno, finalmente ser publicado, y más por Planeta en este caso, es una alegría, y tener mi camiseta negra de Tusquets (risas) en ese sentido me parece que está lindo y que va de la mano con las historias que cuento.

¿Cómo fue el proceso de escritura de Ámbar?

Largo. Largo en un punto y corto en otro, porque es una novela que surge de un proyecto que teníamos con un uruguayo, Rodolfo Santullo, por ejemplo, y César Alcázar, un brasilero, que cada uno de nosotros iba a contar una historia de frontera y la idea era que el libro se publicara en los tres países. Como no sé escribir nouvelles, me vi obligado a resetear la que venía escribiendo. Y en un viaje dije, bueno, tengo que escribir algo, y me pongo a pensar. Y empiezo y me aparece la idea de Ámbar, de esta chica adolescente, hija de un padre criminal. Pero me doy cuenta que eso no puede ser una nouvelle, que no me va a entrar en 20.000 palabras. Estoy hablando de 2019. Y la cajoneo. Tenía las primeras líneas de lo que terminó siendo la primera página de la novela. Y me voy para otros proyectos. Los abandono también, por esta cosa de que no puedo terminar nouvelles. Y después llega la pandemia, llega el 2021. En un momento me mudo solo. Y por las restricciones no te podías llevar muchas cosas.

Entonces tenía el escritorio, 10 libros, una silla y una mesa que había de antes. No había nada. Entonces me acordé de esta historia de Ámbar y dije, tengo que contar esto. O sea, como lo primero que tengo que hacer en esta casa es por lo menos amueblarla con palabras. Y ahí agarré ese archivo que tenía y fue empezar a preguntarme cosas de la historia y empezar a escribirla. Y la escribí en un ritmo de cuatro meses, eso me llevó toda la escritura. Y fue publicada instantáneamente. La idea después fue ir viendo las complejidades, descubriendo cosas que uno pensaba que tenía claras. Por ejemplo, yo ya había escrito una novela con padre e hijo; en este caso era padre e hija. Pero contada obviamente desde el lado de la hija, lo cual al principio me llevaba a hacerme preguntas: ¿cómo es la relación entre ellos? Porque para mí el eje de la novela iba a ser la narradora. No iba a ser ni la trama policial en este caso, ni la trama de investigación, si lo queremos poner en esos términos. Y fue plantearme ¿se llevan bien? Porque en mi novela anterior se odiaban los personajes. Y entonces dije, no, es una chica de 15 años. Ella lo ama al padre, lo quiere al padre. Porque es el que se quedó, la madre lo abandonó. Entonces ella sabe muchas cosas turbias de él, pero hace la opción de hacer oídos sordos a eso, o por lo menos hasta que no lo compruebe, tomarlo como ficticio, como una exageración por parte de los otros. Entonces en gran parte es la relación entre ellos y como a ella le van arrancando, podríamos decir, la venda de los ojos o ella misma se va arrancando la venda que la protegía respecto al padre, para hacerse un torniquete, para zafar de las heridas que le produce ser la hija de Víctor Mondragón.

Comentábamos justamente que Ambar es una chica de 15 años. La novela es una novela noir, y en el género noir generalmente los protagonistas son hombres, hombres grandes. ¿En qué momento te surge esta idea de cambiar el foco del noir hacia un personaje que no suele ser tan explorado en este género?

Yo creo que lo primero es que uno trata de no repetirse. O sea, al menos sí temáticamente me repito esta idea de familia, violencia, etcétera, pero también uno se quiere desafiar.

Porque el desafío te obliga a aprender cosas que vos no sabías que podías. Obviamente a veces fracasás y después tenés que volver para atrás. Pero me pasó que en el 2011 — mira qué proyecto largo, se estrenó Winter’s Bone, creo que acá en Latinoamérica le pusieron Lazos de Sangre. Sobre la novela de Daniel Woodrell, que estaba protagonizada por Jennifer Lawrence, una muy joven Jennifer Lawrence, pre estrellato obviamente. Y yo vi el tráiler porque me lo pasó un amigo que estaba muy metido en eso, “Tenés que verla”. Y yo como que no estaba muy en ese plano de novela negra rural. Pero sí me quedó la idea de una protagonista adolescente en un mundo marginal y de violencia patriarcal en ese caso. Y dije “yo quiero hacer esto”. O sea, en algún momento quiero tener un personaje femenino que esté en un mundo de violencia obviamente machista patriarcal. O sea, pongámosle un personaje mujer que se vea obligada a lidiar con todo este ambiente violento y que al mismo tiempo siga siendo una chica de 15 años. Porque si no, muchas veces quedamos en las exageraciones de Kill Bill, por ejemplo, de La Casa de Papel, tenés Tokio y todo eso, que bueno, son mujeres hombres o de última juegan en una fantasía en otro universo donde hay otras reglas, donde uno puede comprarlas o no comprarlas y vas a pasarlas más, mejor o peor.

Digo, no es una crítica, pero no quería que mi novela fuera eso, quería que fuera una chica realmente de 15 que se ve atravesada por todo este ambiente marginal. Después la gente podrá decir si lo consiguió o no lo consiguió, pero mi intención por lo menos era esa. Y me pareció por lo menos esto, refrescante o interesante, porque incluso muchas veces en estos tiempos que hay cada vez más autoras involucrándose en el género negro, muchas veces caemos en la investigadora o la periodista, que son novelas más de tinte policial, no tanto de género negro, y yo quería que se manejara esto en género negro, una novela de aventuras, de la moral puesta a prueba. Y bueno, el principal desafío fue encontrarle la voz a esta chica de 15, porque yo en ese momento tenía 36 años, barba, no me parecía nada a la narradora (risas). Lo primero que hice fue ambientarla en mi época, en el 2001, cuando yo tenía 15, con lo cual me permitía cierta educación sentimental para prestársela a la narradora. Que te graben un disco, un MP3, que te pasen un correo, otro tipo de bullying o de manejarte en la escuela, de ser la rara, de teñirte el pelo. Yo me acuerdo en ese momento, te teñías el pelo o te ponías un piercing y automáticamente eras un drogadicto. Y hoy por hoy, es muy raro que no tenga un tatuaje. Pero me pasaba eso a la hora de narrar a esta chica de 15, quería ese desafío. Tiene 15, pero no es cualquier chica de 15 años, sino como se vio obligada a endurecer su corazón, a que el corazón sea casi un arma de defensa, más que una manera de relacionarse o vincularse con los demás, para poder salir airosa de lo que significa esto. Una vida de paso, de escopeta recortada, de identidades falsas, de aprender a curar heridas de bala o a puentear los cables de un auto para arrancarlo.

Toda esa otra educación que no tiene que ver con la fotosíntesis, el citoplasma o lo que sea. Es una chica que quiere tener amistades, pero al mismo tiempo está descartando sus identidades porque necesita ser otra, no puede ser ella. Y cuando vos tenés 15, querés ser vos, querés empezar a tener tu propia personalidad, tu propia manera de ver el mundo. Y también al mismo tiempo es el momento que uno empieza a descolgar del póster la figura sagrada del padre o de la madre. Vos sos chico, tu papá es lo más grande que hay, tu mamá es una genia. Y a los 15, bueno, mirá, quiero bajar el póster, quiero poner a Chris Cornell, o quiero poner a los Backstreet Boys, o NSYNC, o lo que sea. Elton John, capaz que no. Pero en ese momento quizás sí – con eso se me cayó el documento, como diríamos en Argentina. Porque me acuerdo cuando era adolescente estaba muy de Moulin Rouge, con el tema de Elton John, Your Song, perdón. (risas) Entonces nada, era ese desafío de cómo construir tu identidad cuando todo el tiempo te ves obligado a desarmar, eso me parecía muy violento, sin necesidad de que hubiera golpes, sin necesidad de que hubiera violencia, sin necesidad de que hubiera algo, pero la opresión de no poder ser vos mismo me parecía como lo más violento del texto, por encima de otras cosas que quizás pueden ser más estéticas; sí, obviamente, hay violencia y sangre sangre, pero yo siempre tengo esta idea de no caer en el culto de la pornografía y la violencia.

La sangre hay que ganársela, hay que estar en su medida justa, y no tiene que ser un splatter, no tiene que ser algo gore, y con una chica de 15 son otros los miedos que si el narrador fuera un hombre, porque hay otras posibilidades de daño, otro grado de indefensión.

La novela gana el premio Dashiell Hammett, que es uno de los nombres más fuertes dentro de lo que es la novela negra, y quería consultarte cuáles son tus inspiraciones a la hora de la novela negra, a quién leés, qué ves.

Recién estaba pensando sobre eso, porque muchas veces, viste, te pasa que vos decís tus autores favoritos, pero quizás no te influenciaron en nada, porque hacen otro tipo de cosas, porque tienen otro grado de herramientas; por ejemplo, para mí una referencia obligada en esta novela, es Winter’s Bone, el libro en el que se inspiró la película, fue como una gran influencia. Daniel Woodrell tiene un estilo hiper poético, hiper relacionado con la naturaleza, es un tipo que se toma un tiempo para escribir impresionante, el tipo como que talla las palabras en vez de escribirlas.

Yo no tengo esa capacidad, ojalá tuviera. Fue una referencia obligada, y una reverencia también porque es un genio, a ver cómo una chica de 15, de 16, se manejaba en este ambiente marginal. Porque, como vos bien decías recién, no hay mucho material desde los cuales ir a abrevar.

Entonces, como que me encontraba un poco desnudo en esas cosas. Me gustó también una novela, en ese caso, sobre todo para Ámbar, que la leí en inglés, llamada She rides shotgun, que ahora acaban de hacerle la película, que estaba basada en un libro de Jordan Harper, que se tradujo hace muy poco al español, por lo menos en España, acá nunca llegó, que tenía un padre y una hija, él era un padre que estaba en la cárcel, tenía que ver con la hermandad, y ella era mucho más chica, pero al menos me sirvió para ver un poco las dinámicas de cómo se relacionaban. Entonces, son novelas que voy teniendo ahí a mano a la hora de tener un proyecto. Después, obviamente, uno siempre está leyendo; por ejemplo, todo lo que es el apartado rural, me vino bien leer a Sam Shepard, que no tiene nada que ver, pero que te construye una visión de mundo, hay algo ahí con el ambiente, con la manera de cómo uno posiciona la mirada sobre los objetos, sobre esta vía, muchas veces, de paso que tiene Shepard. Me ofrecía una posibilidad de pensarlo.Después, obviamente, pienso en autores latinoamericanos, para no quedarnos solo con los gringos, Marçal Aquino y Patricia Melo, dos brasileños excepcionales. Tienen algunos puntos en común por el contrabando, cierta idea del narcotráfico, de pueblos rurales, muchas veces. Ahora, yo pienso en una escritura relacionada con ellos, y no hay tantos puntos de contacto, por lo menos, estilísticamente. O en Argentina, pienso en Quique Ferrari o Eugenia Almeida, claro, que tienen otra poética que me parece impresionante, pero quizás no me influencian, pero sí disfruto muchas veces de su lectura.

Y cuando uno disfruta algo, te obliga a traer tu mejor juego. O sea, como forzarte a, ‘che, mirá este tipo lo que hizo, esta mujer lo que hizo. Tengo que estar a la altura.’ Entonces, te obliga a repensar lo capaz, le sacás un pequeño sheite, un pequeño truquito que hicieron, un personaje, o ver ‘che, mirá cómo utiliza los adjetivos en este caso particular, cómo transforma los verbos’, etcétera. Y después uno las pasa por su propio filtro porque uno es el producto de todo lo que consume.

Entonces, uno se ve atravesado por el cine, por la música, por los libros, por los videojuegos, digo, todo eso te atraviesa y cada uno va armando su propio… Jordan Harper tenía una columna muy piola de escritura y él hablaba de la Ouija, tablet Ouija, le llamaba a él a la hora de empezar un proyecto y él en la primera hoja de la novela que iba a escribir ponía todas sus influencias. Entonces ponía Velvet Underground, tipo, no sé, Daniel Woodrell, los hermanos Gutiérrez de música, viste, iba haciendo todo. Diez renglones de influencia, era ‘con estos diez renglones de influencia este proyecto va a ser solo mío. No hay nadie que tenga estas diez renglones de influencia’. Pueden tener punto de contacto, sí, pero esa receta iba a ser muy propia y a mí eso me interesa bastante a la hora de escribir.