Paula Bistagnino, periodista y escritora, presentó el libro Te serviré, una investigación exhaustiva sobre la influencia social y económica del Opus Dei en la región.

Escribe Martín Imer
La semana pasada estuvo en Uruguay Paula Bistagnino, periodista y escritora que presentó el libro Te serviré. Se trata de una investigación exhaustiva a la influencia social y económica del Opus Dei en la región, tomando como base la historia de una importante familia que entregó enormes cantidades de dinero (y se enfrentó entre sí, llegando a tener una causa judicial en nuestro país) para apoyar la causa y extender la organización durante las dictaduras en Argentina, Chile y Uruguay. Pudimos conversar con la autora sobre su trabajo, el Opus Dei en la actualidad y la vida de un periodista bajo la era Milei.
¿Cómo empezó tu investigación del Opus Dei?
Arrancó en 2013, cuando Bergoglio se convirtió en Francisco. Puntualmente yo conocía cosas del Opus Dei desde mi infancia, porque crecí en un lugar en el que el Opus Dei, que es un enclave del Opus Dei a 30 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, entonces sabía cosas, pero después empecé a trabajar como periodista, me tocó investigar temas de la Iglesia Católica — a mí me atraía el tema de la religión en general, porque no practico ninguna religión, entonces siempre miré eso con un poco de extrañeza y curiosidad, y en 2013, cuando Bergoglio llegó al Vaticano y sabiendo que él era jesuita y sabiendo un poco del Opus Dei, arranqué a buscar testimonios.
Me llevó bastante tiempo encontrar los primeros testimonios en la Argentina, me llevó mucho tiempo que esas personas me quisieran hablar con su nombre real, sentarme a charlar abiertamente con esas personas, y recién en 2018 publiqué el primer artículo que fue acá, en la revista Lento, en Uruguay. Fue una nota muy larga, testimonial, y ahí fue cuando se comunicaron conmigo para decirme que existía una causa judicial en Montevideo que documentaba lo que yo contaba a través de testimonios. Y viajé en 2019 a Montevideo a ver la causa y a conocer un poco la historia, y ahí arrancó el libro.
Comentas que no profesas ninguna religión, pero Argentina sí es un país muy religioso. ¿Te pasó en un momento de sentir alguna presión, externa o internamente, al enfrentar un tema así?
Mi familia es católica, pero no practicante, nosotros no hemos practicado ninguna religión. Sí sentí presión viviendo en ese lugar que te estoy contando, en Bella vista, cuando era chica, porque era como “¿Pero por qué? ¿Por qué no vas a la iglesia? ¿Por qué no estás bautizada?” Yo además nací en dictadura y crecí en esa década del 80, en esa primera democracia, entonces eso también era un momento bastante fuerte. Argentina es católica, aunque se está perdiendo un poco, en parte no es lo católica que fue, y en Buenos Aires un poco menos. Sin embargo, siempre aparece la idea de que revelar cosas sobre la iglesia católica es atacar a la iglesia, que vos estás atacando a la iglesia como si la iglesia fuera algo sagrado y no una institución — que además tiene muchísimos problemas, ¿no? En 2000 años de historia tiene unos cuantos, y más ahora.
¿Cómo te sentiste también, no solo como periodista, sino también como ciudadana, al descubrir esa inserción del Opus Dei en los hechos más fuertes, más intensos de la política argentina y uruguaya de los últimos años?
Fui descubriendo eso como por etapas. Yo claramente sabía que el Opus Dei era una institución poderosa, no sabía de qué manera se organizaba ese poder, y no sabía que estaban tan insertos en determinadas estructuras que uno cree que no están; puede ser en el Estado, en la política, por supuesto, en el Poder Judicial, en las instituciones académicas. Muchas veces incluso en instituciones académicas del Estado, que uno cree que no habría alguien ahí del Opus Dei, y sin embargo sí.
Hasta en universidades públicas, privadas, y también con una gran capacidad de lobby para imponer sus ideas, ¿no? Que en general son ideas bastante conservadoras, que son ideas que están en contra de los derechos de las minorías, que muchas veces están en contra de los derechos de las mujeres, y que tienen estas ideas neoliberales en lo económico.
A mí esta historia me dio algo. Yo hace más de 25 años que trabajo como periodista, pero es como que me devolvió esa ansiedad del periodismo, de que vas encontrando una cosa y la otra, la juntás con la otra, y juntás y cruzás y vas encontrando, y vas descubriendo cosas y vas armando un rompecabezas, eso que a veces a uno le pasa con alguna historia, yo he cubierto bastante de policiales, judiciales, y siempre esa cosa de encontrar algo, que acá te pasa todo el tiempo. Y después de cómo contarlo, que esa es otra parte que fue un desafío también, escribir un periodismo de no ficción, periodismo narrativo, y decir, ‘tengo otros recursos que no son los clásicos’. Yo hice mucho periodismo tradicional y clásico de noticias en los medios de comunicación, tener que decirlo de una forma muy escueta, siempre en tercera persona y demás.
El libro igual lo escribo de esa manera porque es la que me sale. Pero sí, esta posibilidad del periodismo narrativo que te da un libro, que te da libertad de poder elegir la manera de contar las cosas y que tiene herramientas, recursos de la ficción, si se quiere, de la literatura, para poder contar una historia que es absolutamente de no ficción, completamente riguroso, no hay nada ahí que no sea real, pero está contado de una manera en la que vos por momentos podés llegar a sentir que esas que están ahí no son personas reales, sino personajes.
¿Cómo vivís hoy el periodismo en Argentina con una autoridad que pone la palabra odio antes de periodistas?
Es un momento muy complicado en Argentina por muchísimas razones, también para los periodistas. No sé si esperábamos esta dedicación del presidente en donde se dedica constantemente a atacar periodistas. Obsesivamente, es un hombre muy violento en general. Es violento desde que empezó la campaña y es más violento desde que tiene el poder. Y se ha dedicado, no solo a periodistas, porque no estaría bien victimizarme como periodista en ese sentido: es una persona que manda a pegarle a los jubilados y a personas con discapacidad cada miércoles en el Congreso de la Nación, y que reprime constantemente, y que no le importa si alguien se queda sin trabajo, y que no le importa si alguien no tiene medicamentos para el cáncer, y que no le importa nada, humanamente nada. Entonces, ¿por qué no atacar a los periodistas que lo molestan? Pero esta cosa constante, diaria, de elegir personas, de atacarlas él, y muchos de sus funcionarios también, y todo eso es muy grave, me parece.
Es muy grave por lo que genera, en términos sociales. Pero no quiero defender corporativamente al periodismo, porque me parece que es bastante amplio, pero por lo que genera de que se puede insultar a cualquier persona de cualquier manera.
Él lo habilita.
Absolutamente. Él lo habilita y particularmente incita a esta cosa de ‘no se odia suficiente a los periodistas. No odiamos suficiente a los periodistas’. Y se ha dedicado a atacar a periodistas de distintos medios, porque no es que ataca a algunos en particular, pero especialmente a mujeres. Y atacarlas con insultos, y atacarlas exponiéndolas con fotografías, o inventando videos con inteligencia artificial, como uno que ahora Julia Mengolini hizo una denuncia penal y está con una custodia policial. E hizo una denuncia penal porque crearon un video con inteligencia artificial para atacarla, pero porque es un video sexual, de inteligencia artificial, fake completamente. De paso, lo hacen con recursos del Estado. Y eso lo convierte todavía en más grave. Pero me parece que, de alguna manera, si tengo que pensar en que algo de eso va a salir, un colega, Ricardo Ragendorfer, maestro de periodismo policial, decía, ‘ejercemos dignamente en este tiempo de pesadilla distópica’, y es un poco esa idea, seguir haciendo buen periodismo y también estar muy alertas entre nosotros y quizás más unidos en esa resistencia a no bajar las banderas, a no tenerle miedo, porque lo esperable sería que uno tuviera miedo porque tenés enfrente a una persona que es el presidente de la Nación, que tiene, por lo tanto, mucho más poder que vos, el poder también en material concreto simbólico, el aparato del Estado, en realidad lo está usando a su favor, y lo está usando mucho, con todo lo que eso le permite.
Entonces me parece que es gravísimo y que tenemos que estar bien plantados con eso. No sé qué quedará de los medios en Argentina, y entiendo que en el mundo en general están muy mal. Es un trabajo muy precarizado el del periodismo gráfico, sobre todo el que yo más hago. Nos cuesta mucho, a todo el periodismo, y entonces también es difícil sostenerlo, digo: no laburas bien, te pagan mal, laburas mucho, te tenes que aguantar que quizás te metan un juicio como hizo — porque el presidente, además de agredir, inició juicios contra varios periodistas. Entonces es bastante complejo. No recuerdo — otra vez, nací en dictadura, pero crecí en democracia — no recuerdo otro momento como este para nada.
¿Sentís que hay una cercanía entre las formas del Opus Dei de esa época y las de ahora, con autoridades conservadoras?
El Opus Dei lo que ha logrado es, por supuesto que desde que en la década del 50 llegó, y llegó a la Argentina, y llegó a Chile, y después a Uruguay, más o menos al mismo tiempo, logró instalarse, y por supuesto que lograron instalarse más en tiempos de dictaduras. En general, desde la década del 60. En la última dictadura militar en la Argentina no fue un periodo especial en el que Opus Dei lograra grandísimas cosas en la Argentina, pero en algunas sí, por ejemplo, un financiamiento para construir su sede principal en Buenos Aires, pero había logrado cosas más con una dictadura anterior. Más allá de eso, ese poder se fue consolidando y hoy sigue consolidado. Y lo que he encontrado es (desde el menemismo que no lo tenía) una línea de continuidad entre sus ideas de ultraderecha y conservadoras, y las ideas de ultraderecha y conservadoras — yo no quiero ni llamar conservadoras, porque las barbaridades que se escucha decir al Presidente de la Nación… No son conservadoras en lo que consideramos conservadoras, no es que haya una defensa de la institución, de la familia tradicional; no, hay un ataque deliberado a todo lo que no sea exactamente como a él le parece que tiene que ser. El paréntesis es que él no es, eso es la mejor parte.
Claramente hay en este momento un buen momento para el Opus Dei en la Argentina, me parece que es un buen momento para el Opus Dei en el mundo, y que el Opus Dei muchas veces hay que pensarlo en términos internacionales y por ahí no tan locales. Es una organización que está en todo el mundo, jerárquica, como una pirámide, y entonces, en este momento en el que, más allá de lo que sucede en cada país localmente, hay una vuelta de las ideas de ultraderecha y una organización internacional muy aceitada vinculada con la ultraderecha, me parece que este no es un mal momento o es un buen momento para ellos.

(Fotografía de portada: Alejandra López)
